lunes, agosto 06, 2007

El pollo calcinado

Hace meses que mi blog dejó de ser blog. Me esfuerzo poco por publicar alguna entrada original y acabo utilizando el recurso de colgar algún reportaje o crónica. Sin embargo, me he propuesto que esto cambie y voy a intentar escribir pildoritas de actualidad con una cierta frecuencia. Lo prometo.
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Este sábado asistí al Festival de Cerveza del barrio de Friedrichshain en Berlín. Un par de kilómetros atestados de puestos donde consumir la rubia líquida. Siempre me ha impresionado la cantidad de fábricas que hay en Alemania. Me dicen que sólo en Berlín hay cerca de 30 marcas distintas. En esta imitación prusiana de la Oktoberfest munichesa pero a lo barato -en Baviera una jarra de litro cuesta 11 euros, en Berlín 6- también se podían degustar algunos de los platos más tradicionales de la cocina germana. Cometí el error de comer un alargado choricillo, fino y rojo, de unos 30 centímetros lo menos. Desde luego, el embutido de aquí no le hace sombra al español. Se me quedó un mal de estómago terrible porque esa tarde presencié en directo una de las mayores idioteces que he visto.
Un grupo de cinco americanos se quemaban los unos a los otros el vello púbico. Prendían el matojo con un mechero, aguantaban cuatro segundos y apagaban la pequeña hoguera. A continuación festejaban y reían el ritual con un vergonzoso talante cavernícola. Estaban ebrios, vale, pero… ¿justifica el estado semejante estulticia? ¿Y más aún en público? –con mis perdones, pero en privado hagan lo que quieran, como si en vez de depilarse con “cerilla” se los arrancan a dentadas- La vida no deja de sorprender. A menudo dolorosamente, por desgracia.
Hablé con los amigos que me acompañaban en la velada y llegamos a la conclusión de que esta gente es estúpida por naturaleza. Siempre confías en que en todo lo malo hay algo bueno, tienes esperanza de que la gente conozca lo que es el sentido común, el respeto hacia los demás y otra serie de cosas por el estilo. Confías, aunque sabes perfectamente que las escalas de valores de unos y otros son muy distintas. Y sólo sirve para decepcionarte. La quema del matojo me dejó un hedor a pollo calcinado en las fosas nasales que me obligó a abandonar el lugar, asqueado y con el estómago revuelto. Por suerte, la velada prosiguió de mejor manera.

1 comentarios:

A las 6:20 a. m. , Blogger l'aldo ha dicho...

HACE UNAS SEMANAS ME PASÉ A LA FRONTERA NORTEÑA DE ESTA TIERRA, QUE SE DESDIBUJA ENTRE UN TIJUANA CURIOSO Y REBUSCADO Y EL SAN DIEGO LUMINOSO Y CALIFORNIANO, DIVIDIDO A PENAS POR UNA VAYA DE METAL... ME QUEDO CON TIJUANA... LA PLAYA CALIFORNIANA Y SUS PERSONAJES SÓLO ME PRODUJERON ALGO DE HUEVA SOBRADA

SALUDOS COMPADRE

 

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