lunes, octubre 08, 2007

Reírse de Hitler

He visto la última película de Dani Levy, la comedia “Mein Führer”, recientemente porque al intentar buscar algo de provecho en el videoclub más cercano a mi casa esto fue lo único que me llamó la atención. Era un filme que hacía tiempo tenía en mente (supongo que todavía tardará un poquito en aparecer por España). Cuando llegué a Alemania el año pasado la estaban estrenando y en aquel momento no pude acudir. Fue muy criticada porque suponía una nueva manera de retratar el nazismo. Se burlaba de él, le daba una vuelta de tuerca a todo con una trama en la que un actor judío que está preso en un campo de concentración se convierte en el salvador y motivador de Hitler –que ha perdido su ímpetu en el discurso- en los últimos coletazos de este régimen ya que la Guerra Total llega a su fin. En la película, Hitler aparece como un impotente, es violado por su perro y ridiculizado al máximo. Los jerifaltes del régimen tampoco salen excesivamente bien parados. Todo parece ineptitud y servilismo. El cautiverio al que están sometidos los judíos también se banaliza. En el fondo, el filme es divertido, pero no tanto. Desde luego, no es susceptible de ser comparado con El Gran Dictador de Charles Chaplin. Pero uno piensa… ¿por qué no? El fascismo alemán se ha retratado, mostrado y descrito en el cine hasta la saciedad y con mil formas, casi todas rayando una correctitud extrema. ¿Y qué pasa si 70 años después nos reímos también un poco? Es un tema complicado, pero más complicamos las cosas poniéndole límites a todo.

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